El pasado mes de diciembre la ciudad de Lorca en general y los azules en particular se estremecían ante una inesperada noticia: había fallecido Serafín Piñeiro. Aquí quedaron su familia y amigos, desconsolados por la insospechada pérdida. Antiguo profesor de Educación Física y apasionado de la Semana Santa de Lorca como pocos, a partir de ahora engrosará, de forma póstuma y totalmente merecida, las filas de la Mayordomía Honorífica de la Hermandad de Labradores, Paso Azul.

Azul apasionado, incansable, formó parte de diversas Juntas Directivas a lo largo de los años, estando especialmente ligado al mundo del caballo. Procesionó como figurante egipcio, palafrenero y nazareno. Fue uno de los primeros lorquinos en salir como jinete etíope en la concepción actual del grupo —volteando y sin montura— y participó como portapasos de la Virgen de los Dolores en la procesión del Santo Entierro con Castillo Navarro como presidente.

También puso en escena durante años las cuádrigas, fue auriga como Domiciano o Tiberio y estrenó carro y manto de Moisés, y en los últimos tiempos acompañaba al Escuadrón de Caballería de la Guardia Civil, que escolta a Nuestra Madre la Santísima Virgen de los Dolores durante la procesión de Viernes de Dolores.

Además, impulsó la renovación de los carros de las antiguas cuadrigas y propició la adquisición por parte de la Hermandad de guarniciones para los carros del Paso Azul, ya que en esa época se tenían que contratar por un lado los animales y por otro los arreos. Dicha guarnicionería de cuero fue renovada años después también a instancia suya por otra de material moderno, más seguro y fuerte.

En definitiva, una pérdida irreparable de una persona con una trayectoria intachable, que deja impreso su nombre con letras de oro en la historia de la Semana Santa de Lorca y al que el Paso Azul rinde homenaje concediéndole uno de los mayores honores de la cofradía.

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